Señales de calma | Opinión libro Turid Rugaas - Perros de ciudad
Ago 28
Señales de calma - El lenguaje de los perros

Lenguaje canino

El primer recuerdo de educación canina que tengo en mi memoria es una conversación en la que me recomendaban el libro de Turid Rugaas, El lenguaje de los perros: las señales de calmaEs algo que no se me olvida porque este libro supuso un punto de partida en mi relación actual con mis perros.

En este reconocido libro, Turid Rugaas, entrenadora canina, te muestra las claves para entender el lenguaje de los perros de manera amena a través de casos prácticos.

Pensaba que mi perro no me hacía caso, pero este libro me enseñó que estaba equivocada.

Aún recuerdo en esa época como, cuando quería irme a casa, llamaba a mi perro Balú a gritos: “Balú, ¡ven!. ¡Veeeenga!. ¡Balú!, he dicho que vengas.” Me desesperaba porque aunque me oía y venía hacia mí, lo hacía caminando lentamente, hasta incluso pararse. Me ponía de los nervios, lo confieso. Cuanto más gritaba más despacio caminaba.

Sentía que se estaba riendo de mí. Al final, casi siempre terminaba yendo a buscarle disgustada.

Te cuento esto porque en este libro, Turid Rugaas te explica que cuando los perros caminan lentos o incluso se paran te están haciendo una señal de calma. Es algo así como decirte: “tranquilo, te noto nervioso, relajate”.

De hecho, ella lo explica con una situación exacta a la que vivía yo cada día en mi paseo (dime en los comentarios si tú también lo has vivido para comprobar que no soy la única).

Cuanto más gritaba llamando a Balú, más despacio caminaba él para intentar ayudarme a relajarme. Él me notaba nerviosa, alterada, y con su lenguaje me estaba diciendo que estuviese tranquila, estaba intentando que me calmase.

Este conocimiento supuso una revelación para mi.

En el paseo siguiente a leer el libro, llamé a Balú gritando como de costumbre y, como siempre, caminó lentamente hasta parase. Es entonces cuando me acordé del ejemplo del libro y decidí cambiar de táctica: me relajé y le llamé tranquila, sin gritar. No tenía nada que perder por intentarlo.

Y se obró el milagro. Retomó el camino hacia mí a paso ligero, sin pararse, contento.

Esta experiencia se quedó tan grabada en mi memoria, que no puedo sino recomendar este libro a todo el mundo.

Es una manera amena y sencilla de adentrarse en el lenguaje de los perros, de empezar a comunicarnos con ellos, de entenderles.

Y es que, su lenguaje nada tiene que ver con el nuestro.

Los perros tienen sus propias señales de calma, su propio lenguaje y gestos. Y debemos conocerlo para convivir con ellos.

Sin duda, un primer paso para construir una buena relación con tu perro es entenderle.

Por ejemplo, girar la cabeza mirando para otro lado es otra señal de calma. La suelen hacer cuando les está molestando algo, para indicar que necesitan espacio.

Puedes comprobarlo cuando intentas hacerle una fotografía, no hay manera de que mire a cámara. Gira la cabeza, mira de reojo, se relame… te está haciendo un abanico de señales de calma para que le dejes tranquilo.

O quizás si tu perro es algo miedoso te puede hacer alguna de esas señales mientras le acaricias.

Lo que más me impresiona de este lenguaje canino, es que es de doble dirección. No sólo puedes entender mejor a tu perro, además puedes comunicarte con él utilizando sus señales.

Si pasas junto a un perro que se pone a ladrar o notas que está incómodo, puedes girar la cabeza y mirar para otro lado en señal de calma.

Estas señales no solo les sirven para indicar que algo les incomoda, sino que son una forma de relajarse para ellos. Si tu perro empieza a hacer señales de calma, quiere decir que está alterado, nervioso, y quiere relajarse. Tú puedes ayudarle a ello para que no aumentar su nerviosismo.

Recuerdo hace unos años, había en mi barrio un grupo de perros muy jóvenes y cachorros que jugaban descontroladamente en el parque. Estaba charlando con los dueños cuando mis perros, los tres viejetes, empezaron a ladrar a los cachorros.

Aunque los otros dueños me decían sin ninguna maldad: “Cómo están hoy tus perros” , yo sabía lo que estaba pasando. El juego de los cachorros estaba siendo cada vez más violento, estaban descontrolándose, y mis perros estaban regañándoles en un intento de que parasen.

Esto es muy habitual en los grupos de perros: los adultos avisan a los cachorros para que hagan pequeños descansos durante el juego. Esto les ayuda a calmarse, bajar su energía y evita que el juego escale a una pelea.

Aunque se lo comenté a los dueños, no me hicieron caso. Al fin y al cabo sus perros estaban divirtiéndose jugando a carreras y peleas, cansándose y gastando energía.

Ante esa situación, decidí irme con mis peludos a dar un paseo por el parque. No me había alejado ni 200 metros cuando escuché la pelea y los gritos de los dueños separando a los perros. 

“¡Qué razón llevabas!, ¡Cómo habías adivinado lo que iba a ocurrir!”, me decían después.

Y no, no soy adivina. Mis perros me lo dijeron. Solo tuve que escucharles.

Si esos dueños lo hubiesen visto como yo, podrían haber separado a sus perros del juego, alejarse un poco para pedirles que se sentasen, tirarles alguna chuchería al suelo para que se calmasen y, a continuación, dejarles que volviesen a jugar más tranquilos y evitando una pelea.

El lenguaje de los perros y en especial, conocer sus señales de calma, es un aprendizaje continuo, rico y estimulante que merece la pena emprender.

Y el primer paso para ello es, sin duda, el libro de Turid Rugaas: El lenguaje de los perros: las señales de calma.

¿Conóces el libro?. Si lo has leído, ¿te ha gustado? Cuéntamelo en los comentarios.

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